Sobre el consumo cultural y otras reflexiones

Es cierto que el consumo cultural en España ha descendido desde el año 2007, cuando la crisis económica comenzó a acecharnos como si no hubiera mañana. Pero también lo es que la industria de la cultura tiene y debe adaptarse a la nueva era digital en la que nos encontramos.  El futuro es digital y la industria, principalmente, tiene que adaptarse al nuevo terreno sobre el que ya nos movemos.

El incremento del IVA (21%), el más alto en la Unión Europea, y los recortes en el sector no han hecho sino acrecentar un declive que año tras año va en aumento. La industria cultural se ve ahogada en sus presupuestos y para contrarrestarlos se ve obligada a subir los precios o mermar su oferta. Y, ¿qué hacemos los jóvenes? Dejarla de lado. Sentimos que tenemos otras prioridades más importantes y que, casi ni por aposomo, nuestro sueldo o las propinas de nuestros abuelos van a ir destinadas al consumo de cultura. ¿Para qué? Ya tenemos la llamada “cultura gratuita” y con ella satisfacemos de sobra nuestras inquietudes. Es un hecho que nos cuesta pagar por la cultura, y cuando tenemos otros medios de acceder a ella no lo dudamos. En los últimos tiempos el índice de piratería ha aumentado considerablemente. Y, casi seguro, que quién diga que no la practica miente. Ahora con un solo click podemos acceder a miles de películas, canciones, vídeos o, por ejemplo libros. ¿Tú que prefieres un domingo de resaca, ir al cine o ponerte una peli en el sofá de casa con la batamanta? Muy sencillo. Un estudio del Observatorio de la Piratería indicaba en 2013 que el 84% de los contenidos eran obtenidos de manera ilegal. Ahora saca tus propias conclusiones sobre una generación que vive pegada a un smartphone, una tablet o cualquier dispositivo electrónico que le permita distraerse de la cruda realidad.

Y eso no es todo. Porque los de alrededor tampoco ayudan. Por ahora dejemos de lado a los mandamases y centrémonos en las cosas más insignificantes. Ver una película casi es sinónimo de comerse unas buenas palomitas. Pues bien, comerte unas palomitas en el cine, más tu refresquito y contando con la entrada puede fácilmente superar los 10 euros. Mientras que hacerlo en casa un domingo de resaca no te costará más de dos euros. Y encima echado en el sofá. O también tomarse una cerveza, por ejemplo, viendo un concierto en La Riviera seguramente pase los 5 euros, más los veintitantos o más por tu entrada, claro. Con esto, mi intención no es inducir a la práctica de la piratería, ni mucho menos, sino que la industria cultural y a su vez, las industrias adyacentes, deben reinventarse y acercarse a las nuevas generaciones que sólo tenemos cuatro duros y que no podemos permitirnos ir al cine, al Thyssen o al concierto de Love of Lesbian como rutina semanal. Ni siquiera mensual.

Y como la cultura, creo yo, es la base de nuestra formación, ambas partes tenemos que poner de nuestra parte. Tanto ellos mejorando las formas de incentivación y divulgación, como nosotros dejando de lado nuestra, a veces, racanería y mostrando más interés.

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